Después de covid, ¿habrá deflación a lo Japón?

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Pareciera ser que a diario hay un gobierno anunciando más programas de gasto, muchos siendo los más grandes de la historia. La deuda de EE.UU. por ejemplo, está pronosticado a subir a un nivel no visto desde la Segunda Guerra Mundial. Los bancos centrales casi no tienen límites en sus compras de activos, tirando miles de millones a los mercados.

La economía tradicional sugiere que con ese nivel de gasto en déficit, no hay forma de escapar de la inflación en el futuro cercano. Desde luego aún no cuando hay restricciones de movimiento, pero una vez que empiece a despegar a la economía, operará la simple ley de oferta y demanda. Muchos argumentan que habrá un período de estanflación, con poco crecimiento por los efectos del virus, mientras suben los precios por haber disponibilidad de efectivo.

Hay dos partes de cada argumento

No obstante, hay otro grupo que proyecta que habrá un período prolongado de deflación. Tienen también buenas razones para apoyar a su argumento: Primero, la historia. Luego de la última gran crisis financiera, hubieron tasas cerca de o hasta negativo, y los bancos centrales inyectaron liquidez a niveles sin precedentes en un intento por hacer subir la inflación. Pero no ocurrió, y se podría decir que Japón lleva haciendo este “experimento” hace décadas.

También hay indicadores actuales que apoyan a esta versión: el precio del petróleo, por ejemplo está en mínimos históricos por baja demanda. Con precios de energía bajos, y el transporte menos costoso, hay presión a la baja en los precios de todos los productos. También hay padrones similares en otros bienes básicos.

¿Quién tiene la razón?

A estas alturas, es un acertijo. Pero hay un punto en el análisis técnico que se puede hacer, y es que el mismo fenómeno puede tener efectos distintos dependiendo si se aplica en un corto o largo plazo.

El gasto en déficit (la principal forma de estímulo) tradicionalmente se entiende que empuja a la economía en el corto plazo. Si hay más dinero disponible, especialmente en tiempos de baja liquidez, sube la demanda que incentiva la actividad económica. El problema es que en un período más largo, la economía se ajusta a la mayor cantidad de dinero, provocando inflación.

Dinero gratis no es gratis.

Entonces, ¿por qué no hubo inflación en la última ronda de acomodamiento cuantitativo? Hay dos razones principales de los que no se gusta hablar: primero, que esos préstamos “baratos” no estaban tan accesibles a todos. Quienes hacían uso de la tasas ultrabajos, en muchos

casos los usaron para diversas formas de ahorro, como recompra de acciones, dividendos y compras de activos.

Lo segundo es que el acomodamiento de EE.UU. Europa y Japón, si bien fue intencionada para la economía doméstica, terminó saliendo en búsqueda de mayor rentabilidad en mercados emergentes. Entonces, si bien había mucho disponible, no era tanto para los consumidores.

¿Esta vez será distinto?

Luego de la crisis subprime, la política monetaria iba a apoyar a empresas grandes y los mercados financieros. Esta vez ha habido más gasto que va directamente a los consumidores, pero muchos lo califican como insuficiente.

En el fondo, la inflación se da por demanda del consumidor. Si están reacios a gastar por temor al virus, o porque perdieron sus empleos, las compras de activos por parte de bancos centrales no va a cambiar eso.

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